Asociatividad y
Elecciones: Un llamado urgente a incorporar el agro en los programas de
gobierno
Por: Walter Galloso
Mariños — Asesor legal y consultor en temas agrarios
Resumen
ejecutivo
En
plena campaña electoral, los partidos y candidaturas definen las prioridades
que marcarán el destino del país. Es momento de exigir que la agricultura —en
particular la pequeña y mediana agricultura familiar— deje de ser un tema
marginal en los programas de gobierno. Los agricultores familiares abastecen buena
parte de la canasta básica y sostienen la seguridad alimentaria nacional; sin
embargo, siguen enfrentando informalidad, fragmentación de la tierra, escaso
acceso a crédito y baja institucionalidad asociativa. Este artículo propone que
las fuerzas políticas asuman compromisos concretos y programáticos para
promover la formalización de la asociatividad agraria, tomando como base la
política de Estado aprobada por Decreto Supremo Nº 072-2006-AG y las
experiencias y herramientas analizadas en la presente propuesta.
Por
qué el agro debe ser prioridad en la agenda electoral
La
agricultura familiar es la columna vertebral de la alimentación nacional.
Muchas estimaciones y diagnósticos sectoriales señalan que más del 70 % de las
unidades agropecuarias peruanas son de pequeña y mediana escala y que sus
aportes son fundamentales para la canasta familiar. Ignorar este hecho en el
diseño de políticas públicas es condenar a la continuidad de la pobreza rural y
a la volatilidad de los mercados internos.
La
pandemia y las crisis globales recientes demostraron la fragilidad de las
cadenas de suministro y la importancia estratégica de contar con productores
organizados, formales y con infraestructuras que permitan conservar y
comercializar productos de calidad. La asociatividad formal —cooperativas,
asociaciones y fondos agrarios— es la vía más efectiva para que los pequeños y
medianos agricultores logren economías de escala, acceso a crédito y capacidad
de negociación.
Una
oportunidad normativa: Decreto Supremo Nº 072-2006-AG
El
Estado peruano ya contó con un marco político de alcance —materializado en el
Decreto Supremo Nº 072-2006-AG— que reconoce la necesidad de una política de
Estado para el desarrollo agrario. La pregunta hoy es: ¿por qué esa política no
se ha traducido en compromisos electorales y planes operativos claros por parte
de los partidos y candidatos?
Incorporar
el espíritu de ese Decreto en los planes de gobierno significa comprometerse a
institucionalizar la asociatividad mediante instrumentos jurídicos simplificados,
financiamiento sustentable, acompañamiento técnico permanente y compra pública
orientada a asociaciones formalizadas.
Propuesta:
cinco compromisos mínimos que toda propuesta de gobierno debiera asumir
1. Reconocer
la asociatividad como política de Estado y adoptar como compromiso programático
la implementación del Decreto Supremo Nº 072-2006-AG, con metas y recursos
presupuestales específicos.
2. Financiamiento dirigido: crear un Fondo de
Apoyo y Garantía para Asociaciones (FAGA) que facilite líneas de crédito
preferenciales y cofinanciamiento para formalización e inversión en
infraestructura asociativa (cámaras de frío, centros de acopio).
3. Acompañamiento
técnico y gobernanza: establecer Centros Regionales de Apoyo a la Asociatividad
(CAP-Asociatividad) que ofrezcan formación continua en gestión, contabilidad y
comercialización; condicionar incentivos a transparencia y rotación de
directivos.
4. Compras
públicas con preferencia: reservar partidas en los programas de adquisiciones
públicas (almuerzos escolares, compras institucionales) para productos
provistos por asociaciones formalizadas que cumplan requisitos de calidad y
trazabilidad.
5. Simplificación
administrativa: digitalizar e interoperar registros (ROESS, RUC-Coop, SUNAT,
SUNARP) y ofrecer paquetes estandarizados de estatutos y comprobantes para
acelerar la formalización.
Por
qué estos compromisos cambian la realidad
Estos
compromisos no son gestos electorales; son medidas con impacto directo y
medible en tres ámbitos: ingresos de los hogares rurales, sostenibilidad
institucional de las organizaciones y seguridad alimentaria nacional. La
experiencia muestra que cuando las asociaciones cuentan con financiamiento,
formación y mercado, aumentan su capacidad productiva y reducen la dependencia
de intermediarios predatorios.
Un
llamado claro a los candidatos y partidos
A
los partidos políticos y candidaturas: incorporen en sus planes de gobierno
líneas programáticas concretas, calendarios y recursos para la asociatividad.
Exijan a sus equipos técnicos la adopción de las cinco medidas mínimas aquí
propuestas y comprométanse públicamente a reportar avances anuales. El
electorado rural y urbano —que depende de la canasta familiar— merece saber
quién va a priorizar al agro.
Instrumentos
de verificación y transparencia
Propongo
que los compromisos se sometan a una cláusula de verificación pública: un
observatorio ciudadano con participación de academia, organizaciones de
productores y sociedad civil debe monitorear el cumplimiento inmediato
post-elección. Metas claras (por ejemplo, % de organizaciones formalizadas,
número de financiamientos concedidos, incremento del ingreso promedio)
permitirán evaluar si las promesas electorales se traducen en resultados.
Conclusión
En
un país donde la seguridad alimentaria y la estabilidad social dependen, en
buena medida, de la agricultura familiar, pedir a los partidos que pongan el
agro en el centro de su agenda no es una petición sectorial: es un imperativo
democrático y económico. La asociatividad formal es la herramienta: denle
prioridad programática, financiamiento y compromiso verificable. Las próximas
elecciones son una oportunidad para transformar la palabra en políticas
públicas que lleguen al campo.
Walter Galloso Mariños — waltergalloso@gmail.com
WhatsApp:
954 186 648
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